Armado con unas prodigiosas cuerdas vocales
y una fe que desmonta prejuicios, Ziv Yehezkel construye un puente cultural
entre pueblos. El inesperado enviado especial para unir almas que parecen
destinadas a odiarse es un judío religioso que canta clásicos de la música
árabe y tiene una legión de seguidores en la filas del enemigo.
Si existiera el Premio Nobel de Rompedores
de Estereotipos, Yehezkel sería candidato. Con su kipá ritual hebrea y su
barba, el jaredi (ultraortodoxo) seduce a los árabes que le ven como uno de los
suyos y transporta judíos al universo de Umm Kulthum y Abdel Halim Hafez. Junto
a la Orquesta Andalusit de Jerusalén y la cantante árabe-israelí Nasreen,
Yehezkel derriba barreras de ignorancia y odio en la velada El Cairo-Jerusalén.
Quizá sea sólo una pequeña burbuja mágica en un espacio de violencia, pero la
magia existe y llega a palestinos e israelíes, judíos, cristianos y musulmanes,
religiosos y laicos.
«Canta en árabe de forma espectacular»,
señala sorprendida Nur, musulmana cubierta con hijab. A pocos metros, el judío
George Eltman añade: «Su historia es increíble. Su música puede hacer mucho».
De momento, recibe elogios en Dubai, Kuwait o Jericó. Todo empezó en una
academia rabínica de Jerusalén cuando el joven estudiante israelí encontró por
azar un oud. Como en un cuento de hadas, el instrumento de cuerda árabe le
trasladó a un mundo mantenido en el secreto de su familia de origen iraquí y
marroquí. Aprendió a cantar en árabe y luego aprendió el idioma. «A veces canto
canciones religiosas en hebreo, pero sólo en árabe me siento a mí mismo. Para
mí, es lo natural», explica a PAPEL.
Su voz se eleva. No todo está perdido. «Mi
objetivo es promover encuentros entre músicos judíos y árabes. Cooperar para
romper el embargo musical», comenta tras actuar en la palestina Ramalá. Desde
su profunda fe judía, lanza un alegato del Islam: «El Corán no pide asesinar
judíos o cristianos. Hay versículos incorporados por jeques interesados. La
religión se convierte en problema cuando es interpretada erróneamente por
personas con fines políticos».
El judío ortodoxo que fascina al islam
16/Nov/2016
El Mundo, España, Sal Emergui